martes, 28 de julio de 2015

five o´clock in the marvins roooom

Desde que el sol amanezca entre montañas
 hasta que la noche te ofrezca tu abrigo,
despierta tus sentidos amigo,
no te pases la vida mirándote el ombligo.
háblame de ti, 

cuéntame que te gusta hacer cuando no puedes dormir,

''y no te pido comprensión, pues no hay en mi mundo, ni medida, ni equilibrio, ni cordura, ni pretensión''

El dragón a olvidado mi castillo 

y ya no hay nadie que custodie la torre 
en la que habitan mis flores.
Es una cuerda floja hoy,

       lo que ayer era hormigón.
Háblame de ti,

poeta enamorado 
de una sensación fugaz,
de un sentimiento que viene y va,

como tus palabras al cantar.

''y no te pido comprensión, pues no hay en mi mundo ni medida, ni equilibrio, ni cordura, ni pretensión''

cuanto mas busco la lucidez, 

mas me alejo del punto medio que busca su madurez.
Equilíbrame,

llévame donde la fuerza de la gravedad, 
venga en pack con un arnés, 
y no con el miedo a caer.
Es una cuerda floja hoy, 

lo que ayer era hormigón

''y no te pido comprensión, pues no hay en mi mundo ni medida, ni equilibrio, ni cordura, ni pretensión''


{vulnerabilidad que calla la voz de mi valor...
para dar por terminada esta canción}

1916280720115

Nunca me han gustado las complicaciones (me hacen competencia).
Siempre he sido de rogarle a la Luna en susurros que nos alumbre un poco más flojito y de pedirle al viento que revuelva lo que se trate de interponer en un espacio mucho más que salvable. 
Más de mirar a los ojos y mostrar todos los platos que he roto que de esconderme tras tequieros de barro impregnados en el veneno del temor a estar solo.
 Quizás porque jamás conocí ese temor.
(nunca me ha dado miedo mi propia compañía) 
Nunca. 
Siempre. 
Siempre más fanática de la música que suena al tocar un pentágrama de lunares que de romper con gritos la voluntad de quienes me rodean. 
Enganchada al sonido de una voz cuando las palabras se resisten y ronronean en las cuerdas vocales, vacilando para dejarme con las ganas.
Y puede que sea por las  cicatrices que me desgarran desde el lumbar, o por tener a la desconfianza tocando el timbre todas las tardes, pero la espada que corta los lazos que me recomponen está siempre afilada. 
La cuestión es, si está, o no, desenvainada hoy.