Cualquiera diría al verte que los catastrofistas fallaron:
no era el fin del mundo lo que venía, eras tú.
Te veo venir por el pasillo como quien camina dos
centímetros por encima del aire pensando que nadie le ve. Entras en mi casa -en
mi vida- con las cartas y el ombligo boca arriba, con los brazos abiertos como
si esta noche me ofrecieras barra libre de música en tu pecho, con las manos
tan llenas de tanto que me haces sentir que es el mundo el que me toca y no el
chico guapo del barrio.
Te sientas y lo primero que haces es avisarme.
Te miro y te contesto: Me gustan tanto los hoy como miedo me
dan los mañana.
Y yo sonrío y te beso la espalda y te empaño los párpados y
tu escudo termina donde terminan las protecciones: arrugado en el cubo de la
basura.
Sonríes y descubres el hormigueo de mi espalda y te digo que
una vida sin valentía es un infinito camino de vuelta.
Beso uno a uno todos los segundos que te quedas en mi cama
para tener al reloj de nuestra parte;
hacemos de las despedidas media vuelta al mundo para que,
aunque tardemos, queramos volver.
Entras y sales siendo cualquiera pero por dentro eres el
unico, sabiendo que gastas unos ojos que hablan mejor que tu boca y una boca
que me mira mejor que tus ojos.
Guardas un despertar que alumbra las paredes antes que la
propia luz del sol.
Te ries de ese modo capaz de rescatar al país y esa forma de
mirar que parece ser capaz de romper mil y un amaneceres. "Y no me hablen
de paisajes si no han visto su cuerpo"
Y de repente pasa, sin esperarlo ha pasado. No te has ido y
ya te echo de menos, te acabo de besar
y mi saliva se multiplica queriendo más. Cruzas la puerta y
ya quiero que sea mañana.
Si la palabra es acción entonces ven a contarme el amor, que...quiero
hacer contigo todo lo que la poesía aún no ha escrito.
