10:08" se da la vuelta, y mirando a la pared juega a buscar formas en el gotelé, mientras, bosteza y sus ojos se llenan de lágrimas de "Buenos días".
Sentada en la cama observa como el cielo se encapota otro día mas y no es que le agradase demasiado pero supo que seria un día demasiado melancólico.
Hacia frío y eso se notaba, su piel se erizó nada mas levantarse, fuera olía a tostadas quemadas, y a café. Empieza a llover y con ello el relajante soniquete de las gotas golpeando el techo de la casa.
Siguió rumbo al cuarto de baño, abrió el agua fría y se lavo la cara, apartando de sí, todo rastro que quedaba de pereza. Fue al salón, se sentó en el sofá acurrucándose al calor del brasero y encendió la tele, para su sorpresa, salio algo que le recordó a su corta infancia, en la que solo con jugar bastaba, apareció en aquella pantalla el pato Donald y sonrió, sonrío de aquella manera que hacia que sus ojos se rasgasen y dejó reposar su barbilla sobre el cristal de la mesa, aun manchado de la cena de ayer.
Pasaron dos lentas horas, y se metió en el suburbio de su cuarto, allí donde nadie podía molestarla,
hizo la cama y abrió los libro, pasaron otras dos horas en las que no había echo nada productivo pero que le iba a hacer si había algo que ocupaba en gran parte su mente.
Hora de comer, para su sorpresa, aun quedaba algo de lasaña y de rollitos que había cenado la noche anterior, asique gustosamente los calentó y se sentó en la mesa, su única compañía, el perro fiel amigo que nunca la dejaba sola. Acabó y huyó a su templo, donde su único dios era la cama, donde había pasado buenos recuerdos de ternura y de sonrisas a flor de piel, encendió el portátil y se puso a escribir como una loca, sonaban fuertemente las teclas contra sus dedos pero eso no impido que ella siguiera concentrada.. en cada silaba en cada palabra que su cuerpo quería expresar.
Sabia que nada bueno podía salir de ahí, pero, era necesario, el papel era aquel que solo la escucharía sin dar su opinión no influiría en nada de lo que ella pensará; y así transcurrió su tarde, inmersa en cada linea de aquella hoja arrugada llena de garabatos que ocultaban sus sentimientos.




