Siempre me habría dejado guiar por las previsiones, las pretensiones, tentaciones vicios y miedo.
Dejando que se clavasen en mis poros las creencias de que nadie se salva.
Que para salvarte necesitas estar solo.
Siempre supe que son mejor las esperas, que las prisas
que viviría con la incertidumbre de qué podría haber pasado
con todas esas historias que han pasado por mis huesos.
Pero, de repente un día, a fuego lento, empiezan a fraguar las manías,
empiezas a despertarte todos los días un poco más sensato
y perdiendo la cordura al bajar por otro cuerpo.
Sonaría demasiado redundante aquello de que has cambiado de hogar,
que ya no te hacen falta otros besos, o que sabes de sobra que el tiempo
que no rie es tiempo malgastado.
Que jugar al despiste no es más que ese mecanismo de autodefensa que nos
ponemos antes de dejarnos perder la cabeza por alguien.
Pero por mucha defensa, hay historias que terminan mucho antes del desenlace-
y, ami ya no me importa enlazarme o desenlazarme si se que andas detrás,
rozando la delgada línea que hay entre tu frontera y la mía, y todas aquellas cosas
que quedan por saber.
Dando la condicional al miedo, donde empieza tu espalda, empiezo yo, a ver de nuevo
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